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Aunque hace falta hacer estudios más amplios al respecto, los resultados obtenidos  han dado la señal de alerta sobre la posibilidad de que los niños y las niñas que pasan mucho tiempo viendo televisión tienen un menor rendimiento escolar, y que los niños que vieron televisión antes de los tres años tienen más posibilidad es de desarrollar hiperactividad o el síndrome de déficit de atención en la edad escolar.

Así mismo, con más de 10 años de experiencia pedagógica con los niños y niñas he podido investigar y corroborar lo siguiente:


Aquellos niños que ven mas horas los programas televisivos, en consecuencia son más violentos y agresivos; es decir si un niño mira una hora diaria los programas televisivos inadecuadas en consecuencia hará 3 a 5 escenas de violencia y si mira dos horas el doble y así sucesivamente.


Frente a esta situación los que somos llamados a ser educadores, empezando des los padres debemos ser concientes que la televisión deseduca a la niñez, por eso debemos enfrentar con la prevención, acompañándole e inculcando en otras actividades educativas. Los profesores estamos a cargo solamente los cinco horas y los demás 19 horas están fuera de la Institución Educativa.


Los niños y las niñas de edad escolar no necesitan ver televisión. Ver televisión no es una necesidad sino una forma de entretenimiento que si bien puede interesar al niño o la niña y ayudarle a incrementar su vocabulario y sus hábitos en preparación para la lectura y la escritura, también limita su oportunidad de entregarse a experiencias mucho más vivenciales y por lo tanto, mucho más significativas y de mayor valor para el aprendizaje.


Los niños y las niñas de edad preescolar y escolar organizan su esquema de valores según el ejemplo que reciben de sus padres. La valoración que dan los padres y las madres a la televisión será la misma de sus hijos e hijas. Si ver televisión es una actividad importante para los progenitores, los niños y las niñas crecen con esa idea y la adoptan como un estilo de vida en el que se le confiere un alto valor a ver la televisión.


Cuando una actividad se repite todos los días, llega un momento en que el cerebro la incorpora en su esquema de vida y la convierte en hábito. La formación de hábitos saludables es uno de los objetivos más importantes que tienen los padres y las madres en los primeros años de vida de los niños.  En esta época, debe hacerse especial énfasis en las rutinas cotidianas de dormir, asearse, recoger sus juguetes y comer.  Si entre la rutina diaria se incluye el ver televisión a una hora determinada, es fácil que se convierta en un hábito.  Por ello, padres y madres necesitamos reflexionar sobre los hábitos que deseamos cultivar en nuestros hijos para decidir qué actividades motivaremos que realicen todos los días para que las adopten como parte de su vida.


Los niños y las niñas de edad preescolar y escolar necesitan ejercitarse; por ello, deben esta en constante actividad física.  Ver televisión es una actividad totalmente pasiva.


Al estar sentados frente a un televisor, los niños y las niñas no tienen oportunidad de mover sus músculos, estar en contacto con otras personas ni de ejercitarse para adquirir un mejor control y coordinación de sus miembros.


Los aprendizajes duraderos se logran a través de la interacción de los niños con otros niños y con sus progenitores. La mera recepción pasiva de los estímulos visuales y sonoros como los producidos por la televisión no desarrollan aprendizajes valiosos, como tampoco contribuyen a desarrollar destrezas de lenguaje.
 
La televisión no debe utilizarse como una niñera para los hijos. Lo recomendable es que cuando los niños estén viendo televisión, los acompañe su madre o su padre para que motive cierta interacción con la información que presentan los programas, del mismo modo se debe propiciar y motivar a otras actividades tales como el deporte, juegos de mesa, lecturas, talleres de pintura, música teniendo en cuenta las inteligencias múltiples.

 

LA RESPONSABILIDAD  POR EL MENSAJE EDUCATIVO

EN LA COMUNICACIÓN CON LOS ALUMNOS

 

Por Dra.C Aurora Rosario Martínez Verde. Universidad Pedagógica” Félix Varela”.- DRA.C. Nancy Calero Fernández. Universidad Pedagógica” Silverio Blanco” .MSc- Gliceria T. Molina La Rosa ..Universidad Central “ Marta Abreu”

En cada situación pedagógica, en todo  momento, el profesor está comunicando, ella forma parte de la dirección del proceso de docente-educativo. Es la interrelación que se establece con los alumnos, con el objetivo de sus aprendizajes. Aprendizajes   que no siempre  logramos, porque, la interrelación no significa  cambios en las conductas futuras de  los sujetos de comunicación.

La comunicación es  una relación entre  sujetos activos con determinados desarrollos de sus personalidades. Las personalidades, en este caso el profesor y el alumno o los alumnos entre sí, intercambian ideas, conocimientos, y manifiestan estados internos, valores. Por ello se señala que la comunicación se establece en tres tipos de contactos: Espacial, social, psicológico.

Cualquier relación comienza como contacto en el espacio, a la que le sigue la observación y el análisis de la posibilidad de interés del uno por el otro, que puede ser social sí comparten sus valores, pero, también, pueden compartir sus estados internos, estableciéndose la comprensión mutua y es allí dónde aparece el contacto denominado psicológico.

Este contacto psicológico es imprescindible en la comunicación pedagógica, donde cada día se hace más apremiante la educación de los estudiantes  en el  enfrentamiento a las cambiantes condiciones del medio social.

En nuestro artículo pretendemos  reflexionar acerca de las características del profesor, idóneas para la comunicación  con el objetivo de  alcanzar el nivel máximo de los aprendizajes para el pleno desarrollo de la personalidad.

La dirección del aprendizaje, del enfoque histórico cultural, aparece asociada al concepto de comunicación.

La comunicación contempla incluso las relaciones que pueden ser establecidas, aquellas potenciales y posibles , esta es la comunicación           que se planifica para  la dirección del aprendizaje,  es decir, el docente planifica el proceso  de  desarrollo  que  se  producirá en los alumnos .

 Una de las condiciones de la comunicación para lograr el óptimo desarrollo de los alumnos,  es el autoconocimiento del profesor.

El autoconocimiento de este profesional, incluye  el conocimiento  de  los propios procesos  cognitivos que  está  empleando en sus clases, sus productos o cualquier conocimiento relativo a ellos,  el  grado  de pertinencia y corrección  de  la  actividad desarrollada,  la  medida en que se llevó o se  está   llevando  a cabo,  de acuerdo con lo planificado. Igualmente el  conocimiento de  sí mismo, de su estilo personal de resolver la tarea, de  las causas y consecuencias del comportamiento, de sus errores, de sus objetivos   y   el   conocer   sus   vivencias,    clasificarlas, diferenciarlas,   desarrollar  el  control  y  dominio   del   propio comportamiento.

El   desarrollo  de  la  autovaloración  es  importante   ,  el conocer las propias vivencias, el  percibir las  reacciones  de  los demás ante la conducta  del sujeto de  manera realista, contribuye a la seguridad,  a regular las emociones de forma tal que se logre  el autodominio  de la conducta. Las contingencias que  se  presentan pueden  ser convertidas en acicates para el logro de las metas.

 Tres preguntas funcionan como normas para los  profesores:

  1. ¿Te has mirado en el espejo mientras comunicas?
  2. ¿Escuchaste tu voz grabada?
  3. ¿Piensas en la cara que pones y en los gestos que haces  cuando conversas?

 Un profesor comprometido con su labor, que quiere ayudar a sus alumnos,   autorregula  su  actividad notablemente.

El autodesarrollo adquiere un significado central, por  lo que constantemente controla su conducta en función  de  resolver contradicciones, de superar sus deficiencias, de desarrollar la capacidad de observación, del propio entorno y del grupo-clase en términos comunicativos.

Conocer, analizar y aplicar los elementos básicos de la comunicación no verbal y sus implicaciones en las relaciones interpersonales profesor-alumno, es otro de los requerimientos para la óptima comunicación pedagógica.

Cuidar la postura, de forma que sea equilibrada, sin movimientos apresurados, ni muy lentos. Y que no existan ademanes nerviosos o parásitos.

Dominar las características que denotan que las personas, en este caso el profesor que comunica y el alumno que escucha, están atentas:

·        Dirección.- El eje de sus hombros esta lo más paralelo posible al eje de los hombros de su interlocutor.

·        Apertura.- Sus miembros no están entrecruzados, esto  denota que es sincero y que nada teme.

·        Relajación:- Sus músculos no están tensos, esto muestra tranquilidad, ausencia de temor, incluso igualdad.

·        Inclinación.- El eje de la columna vertebral se inclina hacia el interlocutor como diciendo "no quiero que nada de lo que dices se me escape". Hay un movimiento hacia el interlocutor. Si el eje de la columna está inclinado hacia atrás, la persona no quiere prestar atención.

  • Ojos en contacto.- "Los ojos son el espejo del alma", el contacto entre los ojos posibilita la comunicación de las existencias. Su dominio es de la mayor importancia. Mire directamente a los ojos del alumno esto es esencial.

Cuando existen inconsistencias entre el mensaje verbal y el no-verbal, el mensaje no-verbal, casi siempre, tiene mayor impacto que el de la palabra enunciada. Por ello, resulta sumamente importante asumir responsabilidad por cada mensaje  emitido, sea verbal, no verbal o transmitido a través de nuestra conducta.

Sin embargo, según investigaciones realizadas (I. Cuadrado :1991, 1992), los profesores necesitan reflexionar acerca de su comunicación no verbal. No todos son capaces de explicar las razones del empleo de los siguientes expresiones: 1-Expresiones faciales (arquear las cejas, ceño fruncido, sonrisa, etc.),

2-Aspectos oculésicos (utilización de la mirada en función de estimular y/o controlarla comunicación).

3-Del área proxémica (la proximidad física del profesor con sus alumnos).

 4-Del área háptica (el contacto físico con los estudiantes).

5-Del área kinésica (el uso de gestos y movimientos en el aula).

El profesor, que emite información, coordina actividades, participa en el control y la regulación, ejemplifica valores, paralelamente puede entorpecer sus propósitos con su mímica y pantomímica.

Otro importante aspecto es su discurso, mientras está en la clase. Aunque los alumnos deben participar activamente en la clase, se debe  lograr un discurso  argumentativo, porque, los profesores, además de enseñar saberes y procedimientos, convence al auditorio de la importancia de la asignatura que enseña y de su competencia para impartirla (A.Cros, 1995).

Con el acatamiento de estas acciones, se alcanzará la completa comunicación.

 

                                                Bibliografía.

-          BERMÚDEZ,R( 2002) Dinámica de grupo en Educación: su facilitación. Editorial P y Educación, La Habana.

 

-    CUADRADO, I. (1991) Grado de conciencia que presentan los profesores del

     aspecto comunicativo no-verbal durante el acto didáctico, p. 81-95. Enseñanza,

      No.8, España.

-          CUADRADO, I. (1992) Implicaciones didácticas de la comunicación no verbal en el aula. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, España.

-          CROS,A. (1995) El discurso académico como discurso argumentativo. El argumento de autoridad en la primera clase de un curso académico, p. 95-106. Comunicación, Lenguaje y Educación, No.25, Madrid.

-          MARTÍNEZ ,A.R. ,I. OTERO(2007) De la reflexión a la corregulación en el aprendizaje. Revista Pedagogía Universitaria Vol. XII No.2 . La Habana.

-          MENA C, E.(2004) La autoevaluación en la formación profesional pedagógica. En Didáctica: teoría y práctica, Editorial P y Educación, La Habana.

-          RECAREY, S.C.(2004): Las relaciones maestro-estudiante,¿qué tipo de relaciones son? En Didáctica: teoría y práctica, Editorial P y Educación, La Habana.

 

-          RODRIGUEZ A, A( 1985): Grupos y colectivos. Editorial Científica- técnica. La Habana.

 

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